Para descubrir Ámsterdam en transporte público y visitando museos, marzo, abril, mayo, septiembre y octubre suelen ser los meses más agradables. En ese periodo el tiempo suele ser lo bastante suave como para caminar también entre trayectos, mientras la ciudad sigue animada sin sentirse de inmediato demasiado llena. Eso facilita moverse entre museos en tranvía, metro o autobús y aún tener tiempo para una terraza o un paseo corto.
En primavera, además, suelen aparecer días frescos y claros que encajan bien con una escapada urbana. En otoño, la ciudad recupera un ritmo más tranquilo, con luz suficiente para pasar un día completo fuera. Fuera de esos meses también se puede hacer, pero la experiencia cambia. En verano, la afluencia exige más paciencia y planificación. En invierno, la visita suele girar más en torno a espacios interiores y a combinar bien paradas de transporte, museos y restauración.